Opus Dei iniciativas

Iniciativas de personas del Opus Dei.

· Inicio
· Libros


  · Libros destacados:
   · Camino [en PDF]
   · El fundador del Opus Dei [PDF]
   · Santo Rosario [en PDF]
   · Al paso de Dios [en PDF]


Escuela Familiar Agraria Piñeiral (España)

A los ojos de un foráneo, el sistema educativo de Piñeiral podría parecer una cosa de locos. Allí, no sólo la escuela prepara para la vida, es la misma vida la que pone en marcha la escuela.

Ángeles tiene 31 años, vive con su marido y sus dos hijos en una pequeña aldea de 40 vecinos de Galicia, en uno de los muchos rincones bucólicos, esparcidos por la geografía de esta región de España, donde parece que la atropellada civilización no tendrá nunca cabida. Aquí no existen explotaciones agrarias grandes. Los habitantes viven de la ganadería, aunque a veces no tengan más de cuatro o cinco vacas. Precisamente la dispersión geográfica de la población fue el motor del negocio de Ángeles. Empezó vendiendo bebidas en las ferias de verano, en un carrito que le cedió un primo, “mientras las demás chicas se divertían”. Hoy tiene su propia empresa con 3 camiones, 2 furgones y 3 coches: toda una red de servicios de distribución de alimentos y piensos. Ya no vende sólo a particulares que no pueden desplazarse hasta las zonas de comercio cercanas, sino también a mayoristas y tiendas, una actividad que se desarrolla hasta 70 kilómetros más allá de su aldea natal. Desde hace unas semanas empezó otra aventura: una explotación ganadera. ¿Cómo ha salido adelante?

Todo empezó el día en que Ángeles fue a estudiar a Piñeiral, una Escuela Familiar Agraria (EFA) que comenzó su andadura hace más de 20 años en la villa de Arzúa, a unos 50 kilómetros de Santiago de Compostela.

“Estaba pasando un momento muy difícil, pues tenía graves problemas familiares y en el colegio me sentía rechazada. Con 15 años llegué a la EFA, que lo ha sido todo para mí: aquí me cambió la vida. Encontré el apoyo que necesitaba en unas profesoras que eran mucho más que eso. Cada una de nosotras teníamos a una preceptora a quien acudir. Ellas fueron para mí más que una amiga, que una hermana... tuve un calor de familia que no había tenido antes”. Lo dice tan de corazón, que el castellano parece que se le queda corto y comienza a hablar en gallego, la lengua con la que se dirige a los suyos. “Me gustaba el modo de trabajar en grupo, porque podías desarrollar ideas y aprendías a pensar. También recuerdo los viajes de estudio y las charlas-tertulia con otros profesionales que me descubrieron un montón de cosas que no conocía, pues en mi casa no teníamos televisión... ¡hasta la comida era buena, porque estaba bien preparada!”, asegura.

Ángeles empezó a sufrir, hace un par de años, problemas de cadera y columna, huellas de una vida de duro trabajo. Desde que empezó a estudiar “iba haciendo rifas para ganar algo, pues no tenía ningún apoyo familiar. Sólo mi abuelo pagaba semanalmente el poco dinero que costaba la escuela. Aprendí a hacer faldas en la EFA y compraba telas baratas en el mercado para hacerme la ropa”, recuerda. El médico le prohibió, a sus 29 años, seguir trabajando, pero esto no le ha supuesto un problema: “desde entonces, la empresa ha crecido, porque como no puedo trabajar físicamente, pienso y organizo mejor las cosas; he metido a más gente en el negocio, en el que también está mi marido”, continúa. Dentro de dos meses, Ángeles pondrá en marcha una cadena de zapaterías. “Sé que va a funcionar, porque todo lo que quieras hacer funcionar, funciona”, afirma.

Parece de película, pero la vida de Ángeles es real. Con un traje de chaqueta perfectamente cortado, sigue desgranado las aventuras de su vida, al tiempo que rememora todo lo que recibió en la EFA.

Iniciativa importada

Francia. El hijo de un campesino se niega a seguir en la escuela porque tiene que trabajar en el campo. Su padre, preocupado, acude al párroco y, junto con otros campesinos, pone en marcha un original proyecto: ir alternando el trabajo en el campo con los estudios, proporcionando a los chicos la formación necesaria para realizar con profesionalidad los quehaceres agrícolas. La fórmula llega a oídos de unos cuantos miembros del Opus Dei que, con el impulso de su Fundador, san Josemaría Escrivá, buscaban a finales de los años sesenta alguna solución para contribuir a dignificar el trabajo en ese sector de la vida económica y social. El proyecto francés encajaba con las inquietudes de aquel grupo de personas. Con la implantación de las EFAS podría cubrirse la necesidad de formación que tenía el medio rural en lo científico, humano y espiritual.

“Con las EFAS se pone a la gente del ámbito rural delante de sus propios problemas, para que los detecten y busquen soluciones”, señala Mª del Carmen Otero, directora de Piñeiral, “pues partimos de la convicción de que no existe promoción sin formación de las personas”. Por eso, la EFA imparte una cuidada formación, también humana y cristiana. Aquí interesa más la calidad de la enseñanza que la cantidad: con el máximo respeto a la libertad de cada estudiante, la escuela ofrece un proyecto educativo que considera a la mujer en todas sus dimensiones. El ambiente, los enfoques de las asignaturas, la importancia que se da a los valores del trabajo y la solidaridad, acaban haciendo que cada chica se plantee las grandes cuestiones humanas. Y, no son pocas las que con la ayuda de las clases de formación cristiana que se organizan, encuentran en Dios la respuesta a esos interrogantes.

Cada curso salen 30 chicas preparadas para afrontar el mundo laboral. Otras 30 llenarán el hueco dejado hasta formar esa gran familia de 150 alumnas. De este modo, cientos de familias se han beneficiado de una labor conjunta entre profesoras, padres y alumnas, desde que se abrieron las puertas de este centro, en 1972.

Potenciar la propia personalidad

Cristina Fernández estaba decidiendo su orientación profesional y se le presentó la oportunidad de conocer la EFA. Decidió matricularse. Cuando lo recuerda, se ríe y afirma que, “sin la EFA, no estaría hablando ahora con vosotras. Aquellas clases me cambiaron por completo y adquirí esa seguridad en mí misma que no tenía”. Cristina acabó sus estudios en Piñeiral hace dos años y trabaja en el Ayuntamiento de Arzúa, donde le han encargado dirigir un nuevo proyecto: la puesta en marcha de un centro de información y asesoramiento de la mujer trabajadora. Ha tenido que impartir ya varias conferencias a las asociaciones de mujeres de la comarca. Para Cristina, en la EFA el cambio “se produce sin que tú te des cuenta. Te repiten muchas veces las mismas cosas, en un clima de confianza y respeto, y acabas comprometiéndote tú misma”.

El pilar pedagógico: las alternancias

Historias como las de Cristina y Ángeles no son casos particulares. Los resultados del sistema pedagógico de la EFA son comentados por las alumnas, ex-alumnas, padres y empresarios. Una de las claves del éxito es el sistema de las “alternancias” que consiste, como su nombre indica, en ir alternando dos semanas de curso lectivo, con dos semanas de trabajo en un medio profesional. “No son meras prácticas, porque no se busca sólo ejercitar unos conocimientos aprendidos en la escuela”, explica Enrique Rodríguez Rendo, uno de los responsables de la Federación de EFAS de Galicia. “Pretendemos que sea el propio trabajo el elemento motivador, es decir, que el contacto directo con el medio profesional plantee a los alumnos dudas y problemas que vengan después a resolver a la escuela. Exactamente el camino contrario que las prácticas”, afirma. “Por medio del trabajo en alternancia se pone a las alumnas en contacto directo con diversos ámbitos del mundo rural, para que puedan tener un panorama amplio: cooperativas, empresas, explotaciones agrarias, etc. Desarrollar la iniciativa y la reflexión, estudiar los problemas y encontrar soluciones, fomentar la cooperación, el diálogo: éstos son los objetivos que buscamos con las alternancias”, añade Enrique.

Para conocer lo que significan las alternancias nada mejor que preguntar a los propios empresarios. Jacobo Sánchez Ares es el propietario de una explotación de ganado. Por su empresa pasan cada año distintas alumnas de las EFAS. “Se las reconoce rápidamente. Siempre están trabajando, lo que no es normal entre estudiantes en prácticas. Y sobre todo, tienen una actitud dinámica, dispuesta a todo, admiten cualquier tarea que se les encargue. Con ellas uno puede irse tranquilo porque son responsables”, dice.

El propio alcalde de Arzúa, Manuel Moscoso, destaca otro de los aspectos de esa formación integral de las alumnas: “cuando alguna viene al Ayuntamiento, las personas que trabajan aquí la consideran desde el primer día como una compañera más”.

Mujer y agente de desarrollo

“La finalidad de las EFAS consiste en conseguir que las mujeres sean protagonistas del medio rural, a través de su trabajo profesional”, explica Mª del Carmen Otero. Si bien es cierto que la mujer en Galicia destaca por su participación en el trabajo agrario, muchas veces busca escapar de él. “Estudiar es sinónimo de promoción, para irse a la ciudad. En cambio, con el sistema de alternancias que seguimos en la EFA, las alumnas conocen otros aspectos del medio rural, que les llevan a valorarlo y a querer permanecer en él. Vienen a la escuela con el complejo de ser del medio rural y se van con el orgullo de serlo”, afirma.

Las chicas se convierten poco a poco en agentes de su propio desarrollo. El cariño al campo se transforma en un impulso constante para mejorarlo. “Antes de comenzar las alternancias, las alumnas realizan un plan de estudio. Se trata de un trabajo de investigación que va desde las realidades más cercanas y concretas, a las más alejadas y abstractas. Comienzan por la propia familia su tipo de alimentación, la parcela de terreno, el modo de explotarla, etc; lo mismo hacen con su comarca y, después ponen en común las conclusiones de los estudios de cada una, y así descubren la riqueza de costumbres del medio rural gallego”, continúa Otero.

Este proceso de conocimiento progresivo no se interrumpe en su paso por la EFA. Durante una segunda etapa, “pasan a estudiar las empresas del mundo rural, sus problemas y posibles soluciones..., en una palabra: aprenden a profundizar y desarrollar la capacidad creativa, facultades muy poco explotadas en el mundo rural”, señala la directora de la EFA.

Con mente amplia

Montse Meijide Vilariño, que desde hace tres años es la Presidenta de la Asociación Juvenil de Antiguas Alumnas, considera que con lo aprendido en la EFA se abren nuevas posibilidades para mejorar el rendimiento de las explotaciones familiares. “En las alternancias visitamos otras explotaciones agrarias, podemos comparar lo que vemos con lo que se hace en nuestras familias y poner en práctica mejoras”, dice.

Para el alcalde de Arzúa, los más de 20 años de presencia de la EFA en el ayuntamiento son “un privilegio”. “Las alumnas se integran en las explotaciones familiares y, con la formación que han adquirido, ven unas perspectivas diferentes en las producciones básicas de la comarca, y en el modo de administrarlas. La aportación de la EFA supone un cambio de mentalidad con respecto a los padres”, señala. En estos veinte años, el trabajo de las exalumnas ha dado lugar a varias cooperativas, empresas de servicios y, en otras ocasiones, la gestión de negocios ya en marcha se ha beneficiado de la tarea administrativa y contable de las antiguas alumnas.

Pero la EFA no funciona únicamente al ritmo del calendario escolar. Según Enrique Rodríguez, Piñeiral “no es simplemente un centro educativo sino un proyecto amplio de promoción rural, que una asociación de personas ha puesto en marcha. Una de las necesidades que se cubre es la educación de los hijos, por eso la Escuela Familiar Agraria es el proyecto más grande de la asociación, pero no lo es todo”. La Asociación de Padres también prepara cursos dirigidos a la formación de empresarios y profesionales; cada año pasan por las aulas 120, de manera que la EFA, las familias y las empresas se benefician mutuamente. “Las empresas aportan al proyecto educativo, nuevas ideas; señalan los cambios en el mundo laboral; indican el perfil que deben tener los alumnos; abren nuevos sectores de desarrollo...”, asegura Rodríguez. La EFA, a través de un convenio con la Consejería de la Familia del Gobierno Local, ofrece a estos profesionales cursos de contabilidad, de gestión de cooperativas, de técnicas de elaboración de productos lácteos, entre otros.

Esta conexión con la realidad está en la base de los principios pedagógicos de las EFAS, que nacen en y para el mundo rural donde se encuentran. Los empresarios de la zona también pueden formar parte del Comité Gestor del centro educativo, la entidad que, junto con los padres y la Asociación de Antiguas Alumnas, colabora en el gobierno de la Escuela, al lado del equipo de dirección.

Una escuela de los padres

La familia de José Varela tiene una gran vinculación con la EFA Piñeiral. Corría el año 1974 cuando su primera hija empezó a estudiar allí. José y Margarita, su mujer, habían emigrado a Alemania, donde pasaron 11 difíciles años, separados de sus 5 hijos. Al volver a Galicia, conocieron la EFA. “Me llamó la atención la integración de las familias en la escuela. Es una escuela de familias. Es un buen modo de que los padres se entiendan con sus hijos”, asegura, “y el hecho de que, además, estén integrados en la dirección del centro garantiza en parte su funcionamiento”. Actualmente, José es el Presidente del Comité Gestor de Piñeiral y con sus 30 vacas mantiene la cooperativa de quesos en la que trabaja su segunda hija, alumna también de la EFA.

“Si los padres no quieren participar en la educación de sus hijos no pueden venir a esta escuela. Aquí no hay enseñanza que se dé a nuestros hijos, de la que no estemos informados los padres. Decimos lo que nos gustaría que ellos recibieran y después las profesoras lo preparan”, explica Manolo Taboada, uno de los padres de la EFA. Aunque él no pudo realizar muchos estudios, asegura que Piñeiral le ha abierto un mundo nuevo, al poder tratar con otras personas, de las que ha aprendido mucho. Como él, muchos padres agradecen ver cómo sus hijas van madurando a medida que avanzan en su formación profesional.

Manolo acude con su mujer a las reuniones del Comité Gestor. Lo que más valora son las visitas que las profesoras realizan a las familias. “Es muy necesario, hay que hacerlo”, replica en un gallego cerradísimo, difícil de entender, mientras insiste en que “las profesoras no sólo dan las clases: están todo el tiempo disponibles para ayudar a las alumnas y a los padres”.

Además de impulsar la escuela, donde las chicas pueden estudiar la enseñanza secundaria obligatoria y segundo grado de formación profesional Técnico especialista en Administración y Gestión de Empresas, la preocupación de la Asociación de Familias Agrarias por ayudar a las familias de la zona se manifiesta en las sesiones para padres, que se organizan mensualmente en las instalaciones de la EFA. Se estudia con ellos cómo solucionar los problemas con los hijos; se dan consejos para el cultivo del huerto o el veterinario imparte una clase... “Vienen una vez al mes todo un día. Aquí conocen a otros padres y se les informa de lo que estamos haciendo. Las primeras veces les cuesta, pero después vienen encantados, porque se les abren horizontes. Al hablar con otras familias, pueden conocer y comprender mejor a sus propios hijos, y buscan soluciones a los temas que les inquietan”, dice Maribel.

Una de las consecuencias de la integración de las familias en la gestión de Piñeiral es el hecho de que los padres y hasta las propias alumnas buscan los lugares donde realizar los trabajos de alternacia. “La escuela sólo interviene subsidiariamente, si se presenta algún problema, porque es necesario que sean los padres los que se tomen en serio la educación de sus hijas”, explica Mª del Carmen Otero.

A vivir se aprende

Para ayudar a las estudiantes en esos inicios de la vida profesional, se creó la Asociación Juvenil de Antiguas Alumnas. Monste Meijide, la presidente, explica: “Si me hacen una oferta de trabajo y no me interesa, porque se encuentra lejos de mi casa, aviso a alguna de la Asociación para que pueda aprovecharla”. Este espíritu de compañerismo es consecuencia de la convivencia de años en la residencia y en un ambiente de familia. “No nos obligaban a hacer las cosas, pero se repartía el trabajo de tal modo que tú misma te hacías responsable”, continúa.

El trabajo realizado por las EFAS no ha hecho más que sacar a la luz la gran sabiduría de la gente del campo, que puede poner así todo su potencial al servicio del desarrollo rural y de la entera sociedad.

Con sello de calidad

La Villa de Arzúa es uno de los núcleos más importantes del eje Santiago-Lugo. Se asienta en una antigua calzada romana, en el lugar donde confluyen dos vías del Camino de Santiago, la que une Roncesvalles y Compostela y la que viene del Norte, procedente de Asturias. Este pasado ha marcado la vida de la localidad que, como atestiguan los hospitales y conventos de su casco antiguo, fue durante siglos una parada obligada para el reposo de los peregrinos.

La secular dispersión geográfica influye en la economía y el carácter de la zona: no existen propiedades ni explotaciones grandes, falta infraestructura, y la mentalidad de los paisanos no es más que un reflejo de estas condiciones: cada familia disfruta de unos pocos metros de parcela y algunas vacas, que cuidan siguiendo las costumbres de sus mayores. Al mismo tiempo, se trata de gente trabajadora que, en buena medida, ha encontrado en la EFA alguna respuesta para sus necesidades.

Uno de los productos que se comercializan con éxito desde Arzúa es el queso. La producción de las queserías de catorce ayuntamientos de la comarca se distribuye bajo la denominación “Queixo de Arzua”, un sello de reconocimiento a la calidad, concedido por las autoridades alimentarias. Para poder utilizar esta etiqueta, el Consejo Regulador de la Denominación de Origen debe comprobar que el queso se ha elaborado artesanalmente y cumple unos requisitos concretos de sabor, cremosidad y textura, resultado de una cuidada técnica y de algo que no puede imitarse: la leche de las vacas de la comarca. Según los expertos, es una leche muy grasa, con una equilibrada proporción proteínica. Otra de las características del queso de Arzúa, quizá la más conocida, se refiere a su presentación en plana reticular o tetilla. Los quesos de antiguas alumnas de Piñeiral son parte de esta oferta con nombre propio.

Con solera

Las Escuelas Familiares Agrarias comenzaron su andadura en España, en el año 1967, como concreción de los ideales de desarrollo del mundo rural que abrigaban algunos miembros de la Prelatura del Opus Dei, junto con otros ciudadanos. Llegaron a Galicia en 1972. La originalidad de este proyecto se basa en la estructura asociativa. Cada EFA es ante todo un Centro de Promoción Rural, que se constituye como Asociación de Familias y sobre la que recae la responsabilidad de sacar adelante todas las actuaciones, incluidas las propiamente educativas.

En España existen actualmente cuarenta asociaciones, repartidas por las diversas comunidades autónomas, que se integran en la denominada Unión de Escuelas Familiares Agrarias. Pero esta fórmula, inspirada en la experiencia francesa de la Maison Familiale Rurale, ha arraigado también en otros países, adaptada a realidades económicas y sociales muy diversas. Actualmente, existen ochocientos centros de formación y promoción, distribuidos en 23 países de Europa, Asia, América, Africa y Oceanía.

En muchos de ellos, como sucede en la EFA El Piñeiral, la Prelatura del Opus Dei ofrece ayuda a los responsables para dar una impronta cristiana a la actividad educativa que ahí se desarrolla.


[Mapa del sitio] [Acerca del web] Iniciativas Opus Dei RSS

Enlaces de interés sobre el Opus Dei:
[Opus Dei] [Boletín del Opus Dei] [Escritos del fundador del Opus Dei] [San Josemaría Escrivá]
[Sección sobre el Opus Dei en el web de la Prelatura]

Este web no sería posible sin la colaboración de www.catolicos.org. Mi más cordial agradecimiento.