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Un salto a pie de Obra

El Mundo, 5/1/2008

«He tenido que luchar porque seguimos siendo de carne y hueso: frente a toda la concupiscencia de los ojos, de la carne, de la soberbia. Pelear para no dejarme llevar por los impulsos desordenados». Luis Felipe Areta le regalaba las medallas a José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, porque la vocación viene de largo, aunque se ordenara sacerdote el 15 de agosto de 1980. Ex atleta, finalizó sexto en la final de salto de longitud de los Juegos Olímpicos de Tokio.

«Pedí la admisión en 1959, con 17 años, tres días después de batir el récord de España de triple salto en Madrid», cuenta respecto a su ingreso en la Obra. Tiene detrás tres Juegos Olímpicos, algo de lo que sólo un selecto grupo de atletas españoles puede presumir. Estuvo también en Roma'6O y México'68, acudiendo a Múnich'72 sólo de espectador debido a un corte en el tendón tibial.

Ésa es su historia atlética, comprimida, pues estamos ante uno de los nombres capitales del atletismo español. Ahora es «sacerdote cien por cien» y se declara «un poco agobiado de trabajo». «Celebro misa, confieso, predico, doy clases de formación, haga horas de confesionario».

Vive en un centro del Opus Dei de Bilbao junto a otros 12 miembros de la Obra, sólo dos de ellos sacerdotes, «Como decía Escrivá, el Opus no es una moneda de cinco duros que deba gustar a todo el mundo. Ahora bien, está perfectamente homologado y la mayoría de la gente que lo critica es porque no lo conoce», alega en defensa de una institución religiosa sujeta a numerosas críticas. «Con la vocación, uno busca el conocímiento de Cristo, la unión con Dios en medio del mundo, allí donde estés, en el deporte, en el trabajo, en la familia, como un ciudadano normal y corriente».

Tras su retirada, en 1972, trabajó corno director adjunto en el colegio Retamar y en centros culturales de formación en Madrid. En 1978 viaja a Sevilla y prepara la tesis doctoral de Teología. Antes, había estudiado Filosofía Pura, el primer año en Pamplona y luego en la Complutense, y Periodismo. El deporte siempre fue de la mano de su formación intelectual y de sus convicciones religiosas. «Una cosa influye en la otra. La disciplina deportiva también ayuda. En el fondo, siempre persigues una esperanza: en el caso del atletismo disponías de tres intentos y ahora cada día gozas de una nueva oportunidad ante Dios».

Areta está operado de ambas caderas y tiene «bien asumida» una muleta con la que le toca caminar. El deporte se reduce ahora a la bicicleta estática y algunas caminatas por el monte. Le gusta combinar la literatura «buena, profunda», entre la que incluye a Kazuo Ishiguro, con algunos thrillers para «oxigenar la cabeza». En la música se queda con Mozart y Bob Dylan. «Tuve la ocasión de grabar un disco, en el invierno de 1965 a 1966. Formábamos el quinteto Aralar, con Iñaki Gabilondo, que tenía una voz de bajo estupenda. Nos editó el álbum Hispavox y Waldo de los Ríos hizo los arreglos de un par de canciones. Llegué a cantar en televisión».

Su inquietud espiritual toma cuerpo en el primer piso del número 1 de la calle Padilla, en Madrid. «Lo conocí gracias a unos amigos atletas. Era un centro donde se estudiaba y se practicaba la meditación con gran naturalidad y alegría». De familia creyente, pero ajena a cualquier orden religiosa, estudió en el Colegio Francés hasta los 12 años, después en el instituto Peña Florida de San Sebastián e hizo el PREU en el Ramiro de Maeztu, donde se preparó para los Juegos Olímpicos de Roma becado por el Comité Olímpico Español (COE). Se había iniciado en el deporte en el Club Atlético de San Sebastián, gracias a su buen amigo José Antonio Gasea. «Empecé con el baloncesto. En 1958 participé en unos Juegos Escolares y estuve en la concentración con gente como Lolo Sainz y Sevillano. Pasé al atletismo gracias a Gasca. El primer salto lo hice a la pata coja. Luego, en el primer intento logré, con 13.51, el récord de Guipúzcoa de triple. Pronto, en Oviedo, gané el Campeonato de España en ambas disciplinas».

Todo ello, cuando el deporte aún no había adquirido el grado de profesionalización de hoy. «En los Juegos de Tokio, pasados los tres saltos de mejora, saqué un pitillo y me lo fumé tranquilamente. Más adelante le prometí a Escrivá, que solía seguirme por televisión, que lo dejaría. 'Cada vez que te pongas a saltar, piensa que te juegas dos años de entrenamiento. Piensa que Dios te sonríe', me dijo. El me convenció de que lo único importante es la sonrisa de Dios».

AYER
«Entrenaba una sola vez, por la mañana». Después se dedicaba a «estudiar por libre» y descansar. «La alimentación era muy poco científica, más bien sobrealimentación». «De drogas nada; un carajillo antes del calentamiento me soba venir bien». En los Juegos de Roma tuvo como compañero de habitación a Miguel de la Quadra Salcedo, que compitió en disco e hizo tres lanzamientos nulos.

HOY
Celebra misa en el centro donde vive o en algún otro de la Obra. Dirige retiros por las tardes, para gente que trabaja. Defiende la reciente encíclica del Papa sobre la esperanza, que califica como «una maravilla». Se define como «un ciudadano norma/ y corriente». Reza el breviario cada mañana, confiesa, predica y se escapa a dar paseos por el monte cuando tiene oportunidad.

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