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Isaac Viciosa ex atleta

Norte de Castilla, 2/7/2007

«He pasado de atleta de élite a profesor de atletismo»La religión y el deporte como pilares de la vida Un hombre sencillo con una familia numerosa

Ahora se dedica ahora a la escuela que lleva su nombre en Valladolid Reconoce que ha dejado de entrenar «de manera radical»

Isaac Viciosa, en uno de los entrenamientos con su escuela en las pistas de atletismo del Campo de la Juventud de Valladolid. / MIGUEL ÁNGEL SANTOS

El entrenamiento, el sudor y las agujetas han desaparecido de la vida de Isaac Viciosa, que ahora se dedica a entrenar a jóvenes en la escuela que lleva su nombre. El ex corredor no echa de menos el atletismo de competición y en el actualidad se ha volcado plenamente en su familia y en su trabajo, dos facetas en las que los niños son los protagonistas principales.

-Ya hace casi un año que se retiró. ¿A qué se dedica ahora?

-El último año antes de retirarme empecé a trabajar con la escuela de atletismo y estaba en marcha mi centro de fisioterapia deportiva. Dejé de entrenar para dedicar un poco más de tiempo a estas actividades y fundamentalmente a la escuela, que es en lo que más me he volcado porque ha sido un reto.

-¿Cómo surgió la idea de hacer la escuela?

-Empezamos esta andadura dos atletas olímpicos, Teodoro Cuñado y yo mismo. La idea que teníamos los dos es que queríamos trabajar desde la base con el objetivo de iniciar a los niños en el deporte. A nosotros nos corresponde solamente la etapa de iniciación, la de consolidación está reservada a los equipos federados, y nosotros no competimos nunca como equipo porque no estamos federados. Lo que hacemos es enseñar el atletismo en los colegios como una actividad extraescolar, aunque también vamos a las pistas para que conozcan este deporte en el lugar en el que se practica.

-¿Realiza esta actividad por amor al arte, o hay algún fin lucrativo?

-Desde el primer momento lo hemos planteado como una salida profesional para nosotros. Cada uno de los seis monitores tiene su nomina y cobra en función de sus horas de trabajo.

-¿De dónde sale el dinero para pagar esas nóminas?

-Por varias fuentes. La más importante sale de las cuotas que pagan los niños, después de las subvenciones del Ayuntamiento y la Diputación, y después de los patrocinadores.

-Las satisfacciones para un atleta llegan en forma de medallas. ¿De que forma llegan para un entrenador de niños?

-Nosotros no buscamos resultados, pero nos gusta mucho cuando un niño llega a la meta y es aplaudido por todo el público, aunque he de reconocer que trabajar con niños es un poco pesado en ocasiones.

-La mano izquierda es la que más usa en el trabajo...

-Para los niños no somos entrenadores, somos profesores, y en más de una ocasión me llaman 'profe'. Nos ven como personas mayores y responsables. Eres más un maestro que un monitor.

-¿Y qué les enseña el profesor Viciosa a sus alumnos?

-El apartado más importante es el deportivo, aunque también hacemos una pequeña labor social. En varios grupos de los que tenemos empieza a haber algún emigrante y gracias a la escuela están integrados dentro de un colectivo humano.

-Antes decía que el trabajo con niños puede ser agotador, pero cuando llega a casa tiene el papelón de tener que cuidar a sus seis hijos...

-Yo tengo en casa otro equipo de seis niños. La más pequeña tiene ocho meses y la mayor, nueve años. La labor de padre es muy diferente a la de 'profesor'. A veces hay que tener mano dura porque tiene que haber un orden en casa.

-¿Los niños a los que entrena saben quién ha sido Isaac Viciosa?

-Los niños no me conocen, ni mucho menos. Pero juego con la ventaja de que sus padres sí que saben quien soy. Las personas entre 25 y 50 años siempre me van a recordar como un corredor que estuvo unos años a gran nivel y los padres ponen su confianza en nosotros gracias a lo que he conseguido a lo largo de mi carrera como deportista.

-Usted estuvo todo un año retirándose. ¿No hubiese sido más fácil dejar el atletismo en una carrera en vez de despedirse de todas en las que ha corrido?

-La decisión fue definitiva y pude retirarme al estilo que yo quería. Me despedí progresivamente de las carreras en las que competí. Fue una temporada normal, pero tenía la particularidad de que cada prueba que corría era la misma. Fue una retirada larga porque empezó en octubre y duró un año.

-Una de las carreras de las que se despidió con triunfo fue la San Silvestre palentina, pero ganó haciendo trampas...

-Ha sido la carrera más impresionante de mi vida con diferencia. Me vi obligado a hacer una trampa monumental y bochornosa. Fue de película. Yo estaba colocado en la salida, tan tranquilo, y veía que a mi lado no estaban los corredores de primera línea. Estaba rodeado de gente disfrazada de forma muy pomposa. De repente escuché un disparo y ahí no se movía nadie. Había 1.500 personas y nosotros estábamos en la cola, todo el mundo empezó a correr en sentido contrario al que estábamos nosotros, y como sabía el recorrido, tomé un atajo y me acoplé entre los tres primeros.

-Y no le descalificaron...

-Sabía que si alguien hacía una reclamación me iban a descalificar, pero todo quedó en una anécdota que voy a recordar durante mucho tiempo. Los rivales más directos me conocían, no teníamos rivalidad, ni piques y creo que todo el mundo me comprendió.

-En Valladolid usted es valisoletano y en Palencia, palentino. ¿Pero usted de dónde se considera?

-Yo soy palentino en Valladolid y en Palencia. En Valladolid no me han dado nunca el premio al mejor deportista ni me lo darán, pero eso no quiere decir que mi vida no esté en Valladolid y que me haya desarrollado en esta ciudad profesionalmente como cientos de palentinos.

-La rivalidad entre Palencia y Valladolid no es para usted...

-Yo no he tenido ningún problema con nadie. Me considero vallisoletano de adopción y creo que los palentinos y los vallisoletanos tienen la suerte de tener dos capitales de provincia cercanas.

-¿Sigue usted entrenando?

-No. No hago nada y nadie se lo cree. Todo la gente que está metida en el mundo del atletismo me dice que seguro que tengo que entrenar algo, pero lo he dejado de manera casi radical desde que me retiré.

-¿Y cómo mantiene este tipin'?

-Con el ajetreo que tengo en casa no paro. Además creo que por mi constitución soy delgado, y no engordo. Como lo que me apetece, pero no subo de peso. El único deporte que hago es ir a los recados en bicicleta. No obstante, me gustaría ponerme a entrenar este verano.-¿Se puede decir que el deporte y la religión son los dos pilares fundamentales de su vida?

-Sí. Son dos facetas, que van por diferente vía y que me han marcado mucho. He dedicado 18 de los 37 años que tengo al atletismo, y a partir de ahora seré Isaac Viciosa, el atleta. Por otro lado, en el aspecto religioso siempre he hablado claramente de mi compromiso cristiano y es algo que me ha acompañado y me acompañará durante toda mi vida.

-Muchos cristianos se alejan de la religión cuando son solo unos niños. ¿Por qué usted sigue tan vinculado al cristianismo?

-Hasta la Confirmación se tiene una formación cristiana, pero a partir de ahí ya se es libre en ese aspecto y la gente se enfrenta a la vida con una base que le dieron hasta los 14 años. Yo tuve la suerte de educarme en un colegio de carmelitas hasta los 12 años, de los 12 a los 18 estuve en una escuela de Jesuitas. Tuve continuidad y me di cuenta de que la vida cristiana me llenaba. Luego tuve contacto con personas del Opus Dei, que me hicieron ver otro aspecto diferente de la vida cristiana y me comprometí un poco más.

-¿Es usted del Opus Dei?

-Sí. Soy supernumerario, que es una especie de categoría dentro de la cual estamos los casados.

-¿El Opus Dei es una asociación elitista?

-En todos los sitios se conoce al que tiene posibilidades de destacar. A mí me pueden conocer, pero nadie tiene que saber, por ejemplo, que un taxista es del Opus Dei.

-¿Pero que hay más, taxistas o gente conocida?

-Puedes estar seguro de que hay más taxistas, y aunque no salgan en el periódico, o en los medios de comunicación, son uno más.

-Al haberse retirado del atletismo, ¿se ha volcado más en la religión?

-No, en absoluto. Sigo exactamente igual de volcado. Mi vida no ha cambiado en ese aspecto. .lsaac Viciosa se ha liberado del atletismo y al fin tiene más tiempo para disfrutar de su familia. El atleta palentino tiene seis hijos y asegura que no es fácil poder educar a un 'equipo' tan grande. El apartado económico es también un punto complicado, ya que mantener a tantos niños es difícil y costoso, pero Viciosa ha tenido la suerte de ser uno de los más grandes atletas del panorama internacional y ha logrado ganar el dinero suficiente para poder soportar los gastos que acarrea una familia tan numerosa.

-¿La escuela de atletismo y el centro de fisioterapia le dejan tiempo para estar con su familia?

-Lo bueno que tengo es que yo me organizo el día y ahora tengo la suerte de que los fines de semana los puedo dedicar a mi familia. Antes no sabía lo que era un domingo tranquilo porque cuando no tenía carrera, tenía entrenamiento, y esa rutina se ha acabado y me he quitado un gran peso de encima porque tenía ganas de hacer una vida normal.

-Una familia con seis hijos no es muy habitual en los tiempos que corren. ¿Por qué tantos?

-A mi mujer y a mí nos gusta mucho la familia. Y por otra parte, vemos los hijos como un regalo de Dios. Tener tantos niños implica un gran sacrificio, pero también dan muchas satisfacciones porque vives con ellos su desarrollo, sus ilusiones, y les intentas ayudar a crecer y a ser felices en la medida de lo posible. Vemos la vida desde una perspectiva cristiana y nos encanta participar en el poder creador.

-Tiene que ser complicado vivir pensando que tiene tantas bocas a las que alimentar...

-Lo que buscamos, tanto mi mujer como yo, es dedicar el máximo tiempo a nuestros hijos para que tengan una infancia feliz. Los gastos son los que tu quieras. La ropa la usan bastante de unos a otros, ahora en los tiempos que corren, quizás no esté bien visto, pero en mi familia se ha vivido siempre de esta manera.

-Pero los gastos de un hijo se multiplican con el paso de los años...

-Si yo me pongo a pensar en el futuro y recapacito sobre los gastos que voy a tener cuando los niños vayan a la universidad, me vengo abajo. Con seis hijos, si se me quieren ir todos a estudiar fuera, voy a tener un problema. No sé lo que va a pasar dentro de tanto tiempo, prefiero vivir el día a día.

-Lo de irse de vacaciones será algo impensable...

-Nos vamos todos a Cervatos de la Cueza, que es mi pueblo. Allí están mis padres y las vacaciones se pasan con poco dinero. Lo que tratamos es de estar juntos, y aunque no tengamos muchos lujos, lo pasamos bien.

-Entonces, las satisfacciones para usted no llegan a través de lo económico...

-No. Buscamos otra cosa. Si tenemos que aguantar con un coche quince años, no importa.

-¿Qué coche tiene?

-Tengo una furgoneta. Una Mercedes Vito.

-Una Vito no es barata...

-Yo he tenido unos años muy buenos en el mundo del atletismo gracias a Dios, y este hecho me ha permitido estar más holgado que otras familias en el aspecto económico.

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