Diario de Navarra, 12/9/2004
El Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA) ya está listo para acoger entre sus muros el trabajo de 350 investigadores. Son expertos en oncología, neurociencias, cardiología y terapia génica y hepatología que proceden de más de una docena de países. Materia gris aparte, el edificio está operativo y, a falta de los últimos cables y brochazos de pintura, la inauguración oficial tendrá lugar el día 28 a cargo de los Príncipes de Asturias. Han sido necesarios siete años de trabajo para poner el centro en marcha: 32 laboratorios principales, 8 laboratorios de trabajo en frío, 114 ultracongeladores, un local para trabajar con nitrógeno líquido, banco de tejidos, salas de cultivo, animalario y 3 salas para microscopios electrónicos. Son algunas instalaciones que alberga este centro de 15.030 metros cuadrados que ha costado 33 millones de euros y que precisa 20 millones al año para funcionar.
Sencillo y elegante por fuera, funcional y bien dotado por dentro. Así define el CIMA su arquitecto Carlos De cal. Más allá del edificio, el centro es una apuesta de la Universidad de Navarra por la ciencia y constituye uno de los pilares del Plan Tecnológico de Navarra. Su objetivo será ampliar el potencial investigador en las cuatro áreas seleccionadas. Para ello, se apoyará en la infraestructura que la universidad tiene consolidada, desde la Clínica Universitaria hasta las facultades de Medicina, Farmacia y Ciencias, ya que el centro nace con la vocación de aplicar sus hallazgos y encontrar soluciones para los enfermos.
Para facilitar el trabajo de los investigadores, Docal ha diseñado un edificio sobrio cuyo anteproyecto obtuvo el visto bueno de técnicos del Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos. También incorpora aportaciones de más de 60 científicos. «Nos preocupaba más lo funcional que lo estético», añade Docal. En definitiva, es un centro de trabajo cuya única concesión «frívola» ha sido asignar un color a cada planta. «Son prácticamente iguales y se eligió un color en cada una para que los científicos se ubicasen. Sin pretenderlo, el resultado es un parchís: rojo, amarillo, azul y verde, explica. El resto, blanco inmaculado.
Siete años de trabajo
El CIMA comenzó a gestarse hace siete años. En 1999 se constituyó la Fundación para la Investigación Médica Aplicada (FIMA) para financiar y promover el proyecto, cuyo coste asciende a 33 millones de euros más 20 millones anuales de funcionamiento.
Hace un año se firmó un contrato con una Unión Temporal de Empresas (UTE) integrada por 15 entidades por el que a cambio de contribuir económicamente se queda con una parte de los resultados obtenidos. Entre las empresas hay entidades como Corporación Caja Navarra, Sodena, Caja Rural de Navarra, BBVA, El Corte Inglés, Pontegadea (Sociedad de Amancio Ortega), Omega-Capital, Grupo Masaveu y Unicaja.
El acuerdo financia durante diez años 152 millones de euros, lo que constituye el 70% del coste del centro y sus gastos. El resto se cubrirá con fondos conseguidos por los investigadores a través de becas. A medio o largo plazo se espera que el centro se financie con los ingresos que se obtengan con la comercialización de las patentes de los descubrimientos para lo que se ha contemplado la creación de una sociedad de desarrollo y explotación.
El CIMA acoge ya a investigadores de otros centros de la universidad que tienen en marcha sus proyectos. No obstante, quedan por completar cien puestos.
LAS GRANDES CIFRAS
40 laboratorios. El CIMA tiene 32 laboratorios principales, ocho por planta, y 8 más para trabajar en frío, a cuatro grados.
114 ultracongeladores. Son esenciales para conservar las muestras de los experimentos. Hay 64 en las plantas, ubicados en zonas protegidas del sol, y 50 más en el banco de tejidos. Los tejidos se pueden almacenar entre 4 y menos 80 grados. También hay un local para nitrógeno líquido a menos 180 grados.
73 climatizadores. El edificio tiene 73 climatizadores que consiguen un control de las presiones y temperaturas de cada sala. Además es hermético y las ventanas sólo se abren para la limpieza de los cristales.
350 Investigadores. De momento 240 personas trabajan en el centro. Hay biólogos, médicos, farmacólogos y técnicos que proceden de España, Argentina, Chile, China, Filipinas, Francia, Italia, Méjico, Perú, Polonia, Uruguay, Venezuela. La señalización del edificio será en español e inglés.
2.399 tomas. Se han instalado 2.399 tomas de voz y datos (red y teléfono) en todo el edificio.
Edificio adosado. Se ha construido un pequeño edificio adosado al principal para albergar las máquinas que pueden producir interferencias electromagnéticas o vibraciones, como las de control eléctrico. Este edificio tiene un aljibe en el sótano para que el CIMA nunca se quede sin agua.
Seguridad. Cada trabajador tendrá una tarjeta para acceder a las estancias con distintos niveles de seguridad. Además hay dos salas donde se ubican las cámaras de seguridad que se distribuyen por todo el edificio.
Un edificio funcional y hermético por seguridad
No se ha dejado nada al azar. Cada rincón del CIMA, su ubicación, su estructura o su distribución interna buscan el mismo objetivo: ser funcionales.
El edificio se divide en tres bloques diferenciados por cuestiones prácticas, como separar las tomas de aire acondicionado (situadas al norte) de las expulsiones de las chimeneas de las campanas de gases de los laboratorios, ubicados al sur. El cuerpo central, que es más alto, sirve de muro separador. En él se ubican los elementos comunes como ascensores, aseos y cuartos con ultracongeladores. Los laboratorios principales están en la zona sur mientras que la fachada norte, que da a la Avenida de Navarra, se reserva para las salas de cultivo, locales de técnicas, etc.
Por dentro, el CIMA es como un queso gruyere con 20 patios interiores, 16 pequeños y 4 grandes, que atraviesan verticalmente el edificio en una caída de más de 30 metros desde el ático. Ahí están las máquinas de climatización, los grupos electrógenos, etc. y por los patios discurren los tubos que llegan a los laboratorios y otras dependencias. No se ven porque cada planta tiene un falso techo que permite ocultarlos y tampoco molestan porque un colchón antívibración y un bloque de hormigón forran el suelo del ático e impiden que cualquier oscilación altere el trabajo de las máquinas de alta precisión de los laboratorios.
La seguridad también está patente en el edificio. Hay duchas en los pasillos por si algún investigador tiene un accidente y requiere un chorro «urgente» de agua y una galería recorre el exterior de los laboratorios, por si se produce alguna emanación y los trabajadores necesitan tomar aire fresco. Claro que antes hay que abrir la ventana con una clavija guardada en una caja de cristal. La razón es que las ventanas no tienen manilla porque todo el edificio es hermético.
En cuanto a la distribución, la planta baja alberga el aula magna, la zona de esterilización (para limpieza de probetas, etc.), el banco de tejidos con 50 ultracongeladores de hasta menos 120º, tres salas para microscopios electrónicos y la zona de administración. En el sótano está el animalario, los cuartos de residuos y la zona de criogénesis, donde están los depósitos de nitrógeno líquido a menos 180º.
Las cuatro plantas del CIMA son similares. En la zona sur hay ocho laboratorios, cada uno con cuatro despachos de trabajo, un laboratorio para revelado, dos cuartos con 8 ultracongeladores cada uno, dos laboratorios para trabajar en frío (a 4 grados), un cuarto plomado para técnicas que requieran isótopos radiactivos, salas de cultivo con distintas condiciones de temperatura y humedad, biblioteca y un punto de encuentro. Este constituye la zona social del centro, donde los investigadores pueden tornar un café o calentarse la comida.
Apuesta por la salud
Los investigadores del CIMA centrarán sus esfuerzos en hallar soluciones para el 90% de las causas de fallecimiento.
EL Centro de Investigación Médica Aplicada se ha creado con el objeto de impulsar la investigación en cuatro grandes áreas: oncología, fisiopatología cardiovascular, neurociencias (Alzheimer, Parkinson y demencias) y terapia génica y hematología.
Las enfermedades relacionadas con estas áreas constituyen más del 90% de las causas de fallecimiento en el mundo occidental. Además, el centro nace con objeto de aplicar clínicamente los hallazgos en distintos ensayos. Para ello contarán con el apoyo y la infraestructura que ofrece la Clínica Universitaria.
Oncología. Entre un 20% y un 25% de las personas que mueren en el mundo occidental lo hacen por cáncer. El objetivo de los investigadores es tratar de conocer cuál es la causa por la que una célula sana se convierte en maligna y desarrollar nuevas técnicas diagnósticas. El área está dirigida por Luis Montuenga. Actualmente, ya hay varios grupos investigando, por ejemplo en cáncer de pulmón.
Neurocienclas.Losinvestigadores trabajarán en el estudio de enfermedades como el Parkinson y el Alzheimer para hallar marcadores que las detecten precozmente. El director del área es el doctor José Masdeu, que trajo parte de su equipo de EEUU cuando lo fichó la UN.
Enfermedades cardiovasculares. Producen entre el 40% y el 45% de las muertes en el mundo occidental. El área está dirigida por el doctor Javier Díez. Actualmente ya hay varios equipos que trabajan en la hipertensión, en aterosclerosis (placas de grasa en las arterias que las obstruyen) y en las trombosis.
Terapia génica. Utiliza genes que activan el sistema inmunológico o potencian el efecto de los fármacos para tratar las enfermedades. La idea es que los genes lleguen hasta la zona por tratar y para ello se emplean «vehículos», que normalmente son virus tratados en laboratorios para que no sean dañinos. El director del área es el doctor Jesús Prieto y desarrolla sus investigaciones fundamentalmente en enfermedades hepáticas.
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