| Centro social Morro Velho |
Jardim
Taboão es un barrio de baja renta en las afueras de la metrópoli
de São Paulo. Como tantos otros barrios periféricos, la mayor
parte de sus habitantes proviene de las familias que a partir de los años
cincuenta fueron llegando de las zonas rurales del país en busca
de empleo en las grandes industrias nacionales y extranjeras que por aquellos
años se instalaron en la ciudad. Muchas de aquellas personas provenían
de la región Nordeste, donde hay largos períodos de sequía.
Como carecían de formación profesional, técnica y escolar,
aceptaban empleos mal remunerados para combatir el hambre.
También
por aquellos años, Brasil recibió con los brazos abiertos
a millares de extranjeros que llegaban de la Europa de posguerra. Así,
se juntaron pueblos, costumbres y culturas que desde entonces viven armónicamente
e intentan construir un futuro para el país.
Desde hace 31 años, los habitantes de Jardim Taboão cuentan con Morro Velho, un centro social destinado a colaborar en la promoción social, humana y espiritual de las familias del barrio. La iniciativa partió de un grupo de personas al conocer las enseñanzas del Fundador del Opus Dei, san Josemaría Escrivá. El verdadero desprendimiento lleva a ser muy generosos con Dios y con nuestros hermanos se lee en una homilía de san Josemaría- a moverse, a buscar recursos, a gastarse para ayudar a quienes pasan necesidad. No puede un cristiano conformarse con un trabajo que le permita ganar lo suficiente para vivir él y los suyos: su grandeza de corazón le impulsará a arrimar el hombro para sostener a los demás, por un motivo de caridad, y por un motivo de justicia (Amigos de Dios, n. 126). Aquello fue una fuerte llamada en el alma y la conciencia de los promotores de Morro Velho explica Caty Larmán Tellechea, de la directiva del Centro Social-, y se pusieron manos a la obra.
El
8 de noviembre de 1969, en medio de calles de tierra y casas mal acomodadas
de familias pobres, se inauguraba una pequeña escuela construida
en un terreno que había cedido una de las promotoras. Comenzaron
a dar clases de artesanía, corte y costura para las señoras
del barrio, de forma que con la venta de los productos pudieran ayudar a
levantar la renta familiar y a la vez mejorar el nivel del lugar. Para las
adolescentes organizaron clases de dactilografía. Las madres jóvenes
con hijos pequeños tuvieron un lugar seguro donde dejar a los niños
mientras trabajaban, pues en una nueva ala del pequeño edificio original,
se creó una guardería infantil en colaboración con
el ayuntamiento.
En
las primeras clases se enseñaba a confeccionar alfombras de lana
y cuerda. La actividad interesaba a las señoras, pues un trabajo
de este tipo podía hacerse en casa y las mujeres conseguían
ayudar al presupuesto familiar sin descuidar sus niños pequeños.
Alrededor de 240 alumnas venían cada año a especializarse
en la confección de alfombras y tapicerías, y pronto Morro
Velho se convirtió en un punto de referencia para los decoradores
de São Paulo.
En los primeros diez años, pasaron por el Centro Social más de 2.500 madres de familia y aumentaba el grupo de gente joven que a la salida de la escuela pública venía a aprender alguna actividad técnica o profesional.
Centro de Formación Profesional Morro Velho
Con
el pasar de los años, sin dejar el amplio trabajo con las madres
del barrio, la escuela fue ampliando sus actividades y se centró
en la formación profesional de las mujeres más jóvenes.
Parte de ese impulso se hizo realidad con la ayuda económica de empresas
en proyectos de enseñanza, quienes facilitaron, entre otras cosas,
la mejora de las instalaciones físicas de la escuela. Actualmente,
cerca de 300 alumnas terminan el curso cada año después de
haber recibido una formación humana, cultural y técnico-profesional
en computación, portugués, inglés, prácticas
de secretariado y de hostelería. A través de una atención
personalizada, cada estudiante se siente valorada y con ganas de hacer algo
útil por el desarrollo de su familia y de la comunidad donde vive.
Además de las clases técnico-profesionales, existe una asignatura
llamada "Vida", que tiene como objetivo ayudar a profesoras y
alumnas a reflexionar sobre la dignidad de la persona.
En
Morro Velho se respira un clima de alegría, comprensión y
amistad -afirma Caty Larmán Tellechea -. Buscamos valorar
los aspectos positivos del desarrollo humano. Como el cambio en el comportamiento
de las alumnas y su mejora en el estudio es significativo, no es raro que
las escuelas estatales vecinas recomienden a sus estudiantes que hagan los
Cursos Técnicos que ofrecemos.
Los
programas más solicitados son los de Auxiliar Administrativo, que
cuenta con cuatro especialidades: Recepcionista, Auxiliar de secretaría,
Auxiliar administrativo y Operadora de telemarketing. Gracias al apoyo del
Departamento de Salidas Profesionales, este curso posibilita a las alumnas
conseguir empleos que les permiten trabajar y continuar sus estudios a nivel
universitario, al mismo tiempo que ayudan económicamente a sus familias.
Las habilidades que muestran en las entrevistas suele ser uno de los factores
decisivos para que el mercado de trabajo se les abra más facilmente.
Desde hace una década el mundo de la hostelería y el turismo es un área de gran crecimiento en nuestro país. Es indispensable contar con buenos profesionales, comprometidos con la calidad, con auténtica preocupación por los servicios y una visión positiva del trabajo. El Curso de Hostelería ofrece una formación técnica y humana, centrada en el desarrollo de hábitos de trabajo y espíritu de equipo.
San Josemaría en Morro Velho
El
Fundador del Opus Dei estuvo en Brasil en 1974 durante un viaje de catequesis.
El 31 de mayo tuvo la alegría de ir personalmente a Morro Velho,
que había seguido desde sus inicios. Durante la visita, san
Josemaría pudo conocer directamente la vida y las circunstancias
de las familias del barrio y la atención profesional y de formación
cristiana que se proporcionaba en el Centro Social. Mientras algunas alumnas
le enseñaban parte de los trabajos artesanales que hacían,
repetía: ¡Tenéis manos de hada!.
Es hora de que los cristianos digamos muy alto que el trabajo es un don de Dios se lee en una homilía de san Josemaría-, y que no tiene ningún sentido dividir a los hombres en diversas categorías según los tipos de trabajo, considerando unas tareas más nobles que otras. El trabajo, todo trabajo, es testimonio de la dignidad del hombre, de su domino sobre la creación. Es ocasión de desarrollo de la propia personalidad. Es vínculo de unión con los demás seres, fuente de recursos para sostener a la propia familia; medio de contribuir a la mejora de la sociedad, en la que se vive, y al progreso de toda la Humanidad. Para un cristiano, esas perspectivas se alargan y se amplían. Porque el trabajo aparece como participación en la obra creadora de Dios ( ). Porque, además, al haber sido asumido por Cristo, el trabajo se nos presenta como realidad redimida y redentora: no sólo es el ámbito en el que el hombre vive, sino medio y camino de santidad, realidad santificable y santificadora (Es Cristo que pasa, n. 47).
Este es el espíritu que Morro Velho ha tratado de poner en práctica desde los comienzos y de transmitir a las mujeres y jóvenes que se acercan a sus actividades. Quienes participan en la vida de la escuela valoran los principios que inspiran sus actividades. Kelciane Campos, estudiante de 3º de bachillerato, por ejemplo, dice que poder participar en el curso de hostelería le ha ayudado a crecer algunos centímetros como persona.
El profesorado
Dora Porto, coordinadora pedagógica de la Escuela resalta que el Centro Social cuenta con un gran número de profesoras voluntarias, de alto nivel académico, que ayudan a mantener el prestigio de los cursos que se organizan cada año. En mi caso, pienso que recibo más de lo que doy. El contacto con personas diferentes, la necesidad de estar siempre disponible, me ayuda a crecer en espíritu de servicio y de donación, y así sentirme feliz. Esa es también la opinión de Regina Villar, psicóloga: Trabajo desde hace cinco años cuidando de la formación humana de las estudiantes. El trabajo exige que esté actualizada e intercambie experiencias con mis colegas. Cuando doy clases, no sólo enseño sino que aprendo, y me doy cuenta de que la propia actitud de las profesoras tiene que ser una referencia de valores para las alumnas.
El gran desafío para el Centro de Capacitación Profesional está en que la mayoría de las alumnas trabajan desde pequeñas y no han tenido tiempo para estudiar ni para graduarse. Esto exige del profesorado y de la administración una adaptación de los objetivos y de los métodos, y conocer bien la personalidad y el carácter de cada una. De ese modo pueden ofrecer a cada estudiante una capacitación profesional de calidad que les permita alcanzar prestigio en el mercado competitivo de la metrópoli.
Despierta Familia
Las
familias de las alumnas también se benefician de los servicios que
ofrece el Centro: tienen acceso a una cooperativa de alimentos, un bazar de
ropa y el programa de entrega de medicinas gratis, organizados por las voluntarias.
Además, desde el comienzo de los Programas de Capacitación Profesional,
los padres son invitados a asistir a reuniones periódicas en las que
estudian aspectos sobre cómo ayudar a sus hijas en su desarrollo humano,
social y profesional. De esta manera, toda la familia participa no sólo
en las fiestas de la escuela, sino sobre todo en la esencia y el espíritu
cristiano que inspira sus trabajos.
El proyecto Despierta Familia nació para ayudar a fortalecer la estructura familiar de las 330 alumnas atendidas. Se creó un núcleo permanente de apoyo para las familias de baja renta de modo que los padres puedan solucionar con más habilidad los problemas familiares. Al atender una media de 300 padres, se llega a más de 1500 personas que aprenden a ser mejores ciudadanos. Este proyecto contribuye a disminuir algunos de los problemas que afrontan los barrios donde viven las alumnas. Se organizan reuniones mensuales de trabajo para evaluar el aprovechamiento de las actividades, el cambio de comportamiento de los participantes y el desarrollo del trabajo de las alumnas de los cursos. Un sistema de monitoría individual facilita que cada familia se conozca mejor y se convierta en un foco de convivencia y comprensión que luego se extiende a otras familias del barrio.
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