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Centro médico Monkole (R. D. del Congo)

Centro médico Monkole
4804 Avenue Ngafani
Quartier Masangambia
Commune Mont-Ngafuala
Kinshasa, R. D. Congo
Tel. +243 / 880325

El Centro médico Monkole abrió sus puertas en abril de 1991. En estos pocos años son ya decenas de millares los pacientes que han pasado por el centro, y muchos también los que se han beneficiado de su acción de educación sanitaria.

“Papá, no te has limpiado las manos antes de comer”. Luzolo miró fijamente a su hijo pequeño. “Sí, papá, Dr. Monkole nos ha dicho que siempre tenemos que limpiarnos las manos antes y después de comer”, prosiguió el pequeño Trésor, de ocho años. “¿Y quién es el Dr. Monkole?”, preguntó su padre, un tanto intrigado. “Es el joven médico que nos ha construido una cisterna de agua en el colegio, y nos dice lo que tenemos que hacer para no caer enfermos”.

Desde aquella conversación con su hijo, Luzolo se interesó más por "Monkole". Cuando cayó en la cuenta de que se trataba, en realidad, de un centro médico, recordó que ya había pasado alguna vez por delante de él, y comentó: “Lo tenéis tan bien cuidado que yo creía que era sólo para "ricos"”. Este comentario de Luzolo da a entender muy bien el reto que se ha propuesto Monkole, desde sus comienzos: ¿Cómo hacer accesible a todos una medicina de calidad, y elevar el nivel de higiene y prevención de enfermedades de la población?

La confusión de Trésor tiene su explicación. De 1997 a 1999, desde el Centro médico Monkole, y gracias a la colaboración de ACTEC, una ONG belga, se ha hecho una amplia labor de educación sanitaria en las escuelas. En 2 fases, se ha procedido al dépistage, es decir, a un reconocimiento médico de base de más de 10.000 niños, y se ha formado a 400 maestros de 34 escuelas de Mont Ngafula, la zona urbana donde está ubicado Monkole. En 14 de esas escuelas, además, se ha construido una cisterna que recoge el agua de lluvia, para responder a las necesidades de higiene, habida cuenta de las dificultades de suministro de agua. Por eso, a los doctores Aissi y Bagula, que se encargaron de este programa, los niños los llaman indistintamente Monkole. El Programa, llamado Santé scolaire, ha hecho crecer aún más la estima de la población hacia el Centro médico, e ilustra muy bien la dimensión social de todo el proyecto.

Monkole nació pequeño.

Al comienzo era un simple ambulatorio. Pero ya entonces se procuraba desarrollar una labor de educación sanitaria a la par que las actividades curativas. Se promovió desde el principio la vacunación de los niños, que se hacía, y se sigue haciendo, los miércoles. En épocas de campañas estatales de prevención —las Jornadas nacionales de vacunación—, que se realizan periódicamente, la afluencia se multiplica enormemente. En las Jornadas de octubre de 1999, por ejemplo, en cuatro días se vacunaron 3.380 niños en Monkole y sus antenas. Pero incluso antes de abrirse Monkole ya hubo cierta acción de educación sanitaria para la gente del barrio.

“Éramos un pequeño grupo de estudiantes de últimos cursos de medicina —recuerda el Dr. Kazadi—, e íbamos a estudiar las necesidades sanitarias de la gente. Pesábamos a los niños y hacíamos algún examen sencillo. Tuvimos que superar cierta resistencia por parte de la gente, que no entendía el porqué de nuestras encuestas. Eso nos daba pie para explicar el proyecto Monkole”.

El ingeniero Yannick Vincendeau, francés, Director general del Centro médico, cuenta que “Monkole nació como fruto de la ilusión profesional de algunos médicos, que supieron hacer partícipes de su entusiasmo, desde el primer momento, a jóvenes estudiantes de medicina que veían en este proyecto multiforme una buena materialización del ideal de sus estudios”.

Algunos de los estudiantes de entonces, hoy médicos, trabajan en el Centro médico y sueñan con su mayor desarrollo en el futuro. Es el caso del Dr. Louis-Marie Aissi que, comentando su participación en el proyecto de Santé scolaire, explica:
“Se me han abierto perspectivas con las que no había soñado. Como médico, he tenido muchas satisfacciones en este programa de educación sanitaria de los niños y sus maestros, que tiene ya, sin duda, un gran efecto multiplicador en los respectivos entornos familiares. Pero hemos de continuar nuestros esfuerzos...”.

Monkole abre distintos dispensarios

En 1995 y 1996, gracias a la colaboración de la Unión Europea y de las intervenciones de cooperación belga y francesa, se abrieron dos Antenas, es decir, dos pequeños dispensarios atendidos por un equipo de enfermeras y supervisados por un médico una vez por semana.

Eliba, la primera de las Antenas, se encuentra en el valle de Kindele, en el extremo sur. En lingala, Kindele significa el linde de Kin, es decir el linde de Kinshasa. Es una aglomeración donde la gente vive con muy pocos recursos, y que carece de todo tipo de infraestructuras.

“Además de ofrecer los cuidados médicos —dice la Dra. Mpeye— atendemos a las mujeres y chicas del barrio: tienen clases de higiene, alfabetización, costura, economía doméstica y puericultura. Eso hace que ellas sientan Eliba como algo propio”.

La otra Antena se encuentra en la zona rural de Kimbondo, al oeste de la ciudad. “Aquí en Kimbondo —comenta la enfermera Marcelline—, hemos tenido más dificultades que en Kindele. La población está dispersa en pequeñas aldeas y su mentalidad es más rural. Poco a poco vamos consiguiendo una mayor constancia en las visitas al médico, y crece el número de mujeres y chicas que participan en las actividades de promoción que se hacen desde la Antena médico-social”. Luego sonríe y cuenta: “Los pacientes vienen a veces de muy lejos, como una mujer que recorrió andando cerca de 40 km, después de cruzar la ciudad de este a oeste, y se presentó aquí, sólo porque una amiga le había dicho que se atiende bien a la gente y cuesta poco dinero. Esto nos anima seguir trabajando con ilusión”.

Una tercera Antena, todavía en fase de construcción, será abierta próximamente en el valle de Ngafani, que se encuentra, igual que Kindele, en la falda del Mont Ngafula, el collado sobre el que está Monkole, pero en el lado opuesto, en la vertiente norte.

“Fue una iniciativa de la misma gente de Ngafani —cuenta el ingeniero Vincendeau—, que envió a sus "notables", entre los cuales se contaban algunos pastores protestantes, para ofrecer un terreno, pidiendo que se hiciera allí algo similar a Eliba, la Antena de Kindele”.

Servicios de base

A lo largo de estos años, Monkole ha ido reforzando también su capacidad para atender a los enfermos que acuden a su sede principal. La gente aprecia la atención que recibe, también en el aspecto humano, y el cuidado de las cosas que se nota en Monkole. Al frente de los Services de base trabaja una de las pocas congoleñas que han obtenido hasta ahora el título de ingeniero, Pascaline Mbaku.

Mamie, que trabaja en los Services de base, comenta: “Nosotras tenemos claro que nuestra tarea de limpieza es una parte importantísima, no sólo para los cuidados médicos que los pacientes reciben en Monkole, sino también para la labor de promoción de la higiene y de cambio de mentalidad que se hace desde aquí”.

Monkole crece

Al Centro médico acuden principalmente pacientes de Mont Ngafula y de los barrios cercanos. Pero cada vez son más numerosos los pacientes que vienen de barrios lejanos. También son ya unos cuantos los organismos privados u oficiales y las empresas que tienen un convenio con Monkole para la atención médica de sus empleados y familiares. Un sistema sencillo de categorización permite cobrar a cada paciente según sus recursos, facilitando así a todos la accesibilidad económica a los cuidados médicos.

“Este sistema nos permite atender a todos sin exclusiones —comenta maman Jackie, la señora que dirige el equipo de recepción—; aquí vienen desde las mujeres vendedoras del barrio hasta los familiares de diplomáticos y altos cargos del gobierno. Todos se sienten acogidos por igual.”

Desde 1995, el Centro médico está abierto día y noche. En junio de 1997 comenzó el Centro de protección materno-infantil (CPMI) que consta de una maternidad y una zona de hospitalización con 25 camas. Esta nueva fase, que se construyó con la colaboración del gobierno de Navarra (España), ha doblado la superficie del Centro médico y le ha dado un nuevo impulso. De una lógica de ambulatorio —que sigue vigente tanto en Monkole como en sus Antenas— se ha pasado a la de hospitalización. En 1998, la media de pacientes atendidos en Monkole y sus antenas fue de 2.200 cada mes. El número de médicos ha aumentado también. Ahora hay un equipo de 10 médicos de los cuales 3 son especialistas. El Dr. Tshilolo, pediatra, hematólogo y Director médico de Monkole, comenta:

“Procuramos hacer una medicina de calidad, y tenemos muy en cuenta el aspecto humano del trato con el paciente y sus familiares. Cuando se considera que cada paciente es una persona, hecha a imagen de Dios, es más fácil entregarse generosamente en la tarea de aliviar o curar sus dolencias, al tiempo que se procura respetar su propia libertad”.

Poco a poco, Monkole se ha ido integrando en el sistema sanitario de la ciudad, que está organizado en zonas de salud (zones de santé). Monkole aporta su propia experiencia a las demás estructuras, privadas o estatales, participando en las reuniones de concertación y de programación de las iniciativas de acción sanitaria para la ciudad de Kinshasa. En octubre de 1998, el Centro médico fue escogido por la representación local de la Unión Europea para llevar a cabo un programa de rehabilitación de la zona de salud de Kito-Kimosi, que cubre numerosos barrios populares al noreste de Mont Ngafula, con una población total de 178.000 habitantes. Algunas empresas u organismos privados que aprecian la labor de Monkole han llegado a ofrecer la propia clínica o un terreno para que Monkole haga allí una Antena más. El Director general del Centro médico explica:

“Nosotros estamos dispuestos a transmitir nuestra experiencia, pues nuestro objetivo es contribuir a mejorar las condiciones de salud de la población de nuestra ciudad. Pero no podemos hacernos cargo directamente de muchas cosas a la vez. Vamos creciendo poco a poco, como los árboles”.

Monkole formó parte, en tiempos de guerra en 1997 y 1998, de la célula de coordinación de urgencias, junto con otros hospitales designados en esas difíciles circunstancias. Los lazos de colaboración entre Monkole y las demás estructuras sanitarias de la ciudad se estrechan también a través de las conferencias mensuales que se vienen organizando desde hace más de cinco años. Hay conferencias para médicos, a las que también tienen acceso los estudiantes de los últimos cursos de medicina.

“Estas conferencias —comenta el Dr. Tshilolo—, además de acercarnos humanamente los unos a los otros, contribuyen a hacer circular la información científica y a reforzar el nivel de preparación profesional de todos. Por otra parte, con la publicación de Flashmed, el boletín donde recogemos el texto de las ponencias, mantenemos contacto incluso con aquellos colegas que no siempre pueden acudir a las conferencias”.

Hay también conferencias para enfermeras. Como las de los médicos, tienen lugar en un aula de la Escuela de enfermería (el ISSI, Institut Supérieur en Sciences Infirmières) que se abrió en octubre de 1997, junto a Monkole. “Es una experiencia muy positiva, comenta una de las participantes. Venimos enfermeras de los distintos hospitales de la capital, y aquí encontramos un estímulo para seguir mejorando la calidad técnica de nuestro trabajo”.

Como un sólido árbol tropical, frondoso y multicolor, Monkole sigue, entre las dificultades, en su tarea de promoción humana.

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