Es un sábado por la mañana y brilla el sol en la zona Oeste de Downtown Chicago. En un local de la planta baja de un edificio de cinco pisos, alegremente decorado, un grupo de alumnas de séptimo y sexto grado asiste a una clase. Un piso más arriba, otro grupo de chicas mira atentamente a la pantalla de una computadora: buscan información en Internet para un concurso de trabajos de ciencias naturales organizado por el conocido Shedd Aquarium de Chicago. Y todavía hay más gente en Metro; en un aula vemos a unas bachilleres que asisten a una sesión dirigida por una profesional de una importante compañía de Chicago. Les explica cómo hay que ponerse metas y luchar por cumplirlas para mejorar en la escuela, en su vida familiar y en su trabajo profesional.
Podría parecer que estamos hablando de un colegio en uno de los mejores barrios de Chicago. Pero no es eso exactamente. Estamos en Metro Achievement Center for Girls, uno de los centros educativos para la juventud avalado por la Midtown Educational Foundation, y las alumnas –la mayoría de origen hispano y afroamericano– provienen de las zonas más deprimidas de esta enorme ciudad.
Metro Achievement Center, ubicado en la zona céntrica de Chicago, está bien comunicado por medios de transporte público con las áreas más necesitadas de la ciudad. Desde 1994 ocupa un edificio de 1500 m2 donde hay aulas, una clase con ordenadores y una gran sala para actividades de arte.
En 1985, Metro comenzó sus actividades de educación complementaria para la educación humana y académica de chicas de diez hasta dieciocho años. Los programas que se desarrollan se basan en la experiencia de veinte años de un programa similar para chicos, que, también bajo la Midtown Educational Foundation, había funcionado desde 1965.
¿Qué se requiere para participar en los programas de Metro? Tener la edad prevista, rendimiento escolar medio, vivir en Chicago y disponer de escasos recursos económicos. También se exige que los padres se comprometan a participar en las reuniones que Metro organiza para ellos.
Desarrollo integral de la persona
No hay duda de que el edificio es atractivo. Pero lo que realmente importa en Metro es la filosofía de la educación que anima todo lo que allí se hace. Esperanza Padilla tiene catorce años y comenzó a acudir a Metro cuando tenía diez. A pesar de vivir en un barrio muy conflictivo de la ciudad, dice “ya desde el primer día en Metro, mi actitud empezó a mejorar. Ahora me doy cuenta de que necesitaba que alguien me orientara y me exigiera; sin esto, nunca habría aprendido cosas tan importantes como la constancia en el trabajo. ¡Y Metro lo logró!”.
El año pasado, en la ceremonia de graduación y premios, Esperanza sacó uno de los reconocimientos más importantes: el Spirit of Metro Award, que se otorga cada año a quien mejor aprovecha personalmente lo que recibe en Metro.
El ideal que mueve a quienes aquí trabajan e impregna todas las actividades que se llevan a cabo se basa en la doctrina de la Iglesia Católica y en las enseñanzas de san Josemaría Escrivá de Balaguer, Fundador del Opus Dei, una Prelatura personal de la Iglesia Católica que ayuda a personas corrientes a vivir la fe en la vida ordinaria, a trabajar con sentido de responsabilidad, por amor a Dios y a los demás. Como muestra de este espíritu católico —que quiere decir universal— en Metro caben personas de todas las razas y creencias religiosas.
“Ayudamos a las chicas a obtener buenos resultados en la escuela. Pero en Metro vamos más allá de las notas”, comenta Sharon Hefferan, Directora Ejecutiva del Metro Achievement Center.
“El programa de educación del carácter, que se centra en la adquisición de virtudes, da solidez al desarrollo de la personalidad de cada una. Las chicas de los barrios más conflictivos no tienen dificultades en el colegio, en la universidad, y luego en el trabajo, por falta de medios económicos o por sacar malas notas. En la mayoría de los casos, los fracasos se deben a la falta de disciplina personal, de los hábitos necesarios para hacer las cosas bien. En Metro las motivamos a que sean personas cabales”.
El programa de educación del carácter, un rasgo esencial de Metro, incluye clases que se completan con un programa de atención individual. De las virtudes no sólo se aprende la teoría, sino que con la ayuda de una tutora, que hace las veces de “coach” (entrenador), se aprende a vivirlas, porque se pueden concretar las dificultades que cada una encuentra y la tutora le ayuda a recomenzar y mantener el esfuerzo. En este programa participan 200 voluntarias: jóvenes profesionales y estudiantes universitarias de la ciudad.
El trabajo que se realiza en Metro es posible gracias al elevado número de voluntarias. Por cada persona que trabaja a tiempo completo en el Centro, hay cuarenta y dos voluntarias.
Algunos datos
- 400 chicas participan en los programas de Metro cada año.
- 100% de estudiantes de Metro completan el bachillerato y 90% siguen estudios universitarios.
- Graduadas de Metro han sido aceptadas en diversas universidades: Cornell University, DePaul University, Northwestern University, University of Illinois at Champaign, University of Southern California.
Los Programas
1. One-on-One Program
10 a 12 años
A cada niña se le asigna una tutora que la anima en el desarrollo de una actitud positiva hacia el trabajo escolar y le ayuda a adquirir hábitos de estudio.
2. El Metro Achievement Program
13 a 14 años
Ofrece cursos de matemáticas, ciencias, e inglés, con vistas a preparar a las escolares para superar los exámenes de admisión en las mejores high schools. Además de los aspectos académicos, se sigue subrayando la importancia de la adquisición y crecimiento de las virtudes.
3. College Orientation Program
15 a 18 años
Ofrece estudio supervisado por preceptoras, cursos para fortalecer los conocimientos de matemáticas e inglés, así como actividades culturales que amplían sus intereses extra-académicos. Estas últimas incluyen excursiones y visitas a los campus de los colleges.
Además de estos tres programas, Metro tiene otro dirigido a los padres de las alumnas, en el que se imparten charlas sobre la educación de los hijos. Por ejemplo, se ha dado una serie titulada “Teaching Teens Virtues” (Cómo enseñar virtudes a adolescentes). Sharon Hefferan explica: “en todas las reuniones para padres, insistimos en una idea fundamental: que los padres son los primeros educadores de sus hijos. Nosotros —y otras organizaciones— podemos asistirlos, pero no podemos hacernos cargo de su responsabilidad; lo que hacemos es ayudarles a cumplir su misión.
Es muy importante que padres y madres entiendan esta idea, y que se la recordemos con frecuencia. Son los padres quienes tienen que descubrir los modos de educar a sus hijos, quienes tienen que animarles a leer, a comportarse. Nosotros, en Metro, contamos con los padres en todo lo que se refiere a la educación del carácter de sus hijas”.
Como corresponde a la juventud, las chicas de Metro también se divierten. El programa de Fine Arts, con su mezcla de música, danza, teatro, artes plásticas y otras actividades, les brinda oportunidades de expresión personal a través de medios que hasta entonces no habían experimentado. En uno de los proyectos de Metro, las pinturas de las chicas fueron expuestas en una galería del Art Institute of Chicago.
Ruth Schilling, voluntaria, daba clases de canto: “Aunque no lo admitan abiertamente, a la mayoría de las chicas les encanta actuar y cantar en público. Al comenzar mi primera clase se oía una risa nerviosa. En cuanto se pusieron a cantar, se veía, y se oía el esfuerzo y la alegría con que lo hacían. Para mí, la satisfacción de enseñarles no tiene precio”.
El marco
Que las cosas con las estudiantes en Metro marchan bien no es ningún secreto en Chicago. Por ese motivo grandes compañías, movidas por su sentido de responsabilidad cívica, y por el deseo de contribuir a la educación de la juventud con un trabajo bien hecho, se han decidido a colaborar de diversos modos. “Hemos observado el éxito de Metro en educar en lo académico y en las virtudes necesarias para el trabajo.
Colaboramos con el centro desde hace diez años. Metro lo está haciendo muy bien, y está formando mujeres de carácter sólido y con espíritu de servicio” dice Diane Doers, del Central Regional Community Relations Manager de IBM.
Patti Patino –que estudia tercer año en DePaul University- acaba de terminar una pasantía en la rama de tecnología en una famosa firma de contaduría, Deloitte&Touche. Como es el caso de la mayoría de quienes han pasado por Metro, Patti sigue vinculada con el centro y sus programas, dando de su tiempo y de lo que ha recibido a otras chicas menores.
“Cuando tenía doce años empecé a acudir a Metro pensando únicamente cómo lograría acabar el bachillerato. Mis padres no hicieron estudios universitarios, y tampoco teníamos dinero para que yo asistiera al college; además, me asustaba la idea. Gracias a Metro pude hacer el bachillerato en Willows Academy, un colegio privado”.
Metro apoyó los esfuerzos de Patti para completar el bachillerato a través de tutorías y otras ayudas, como técnicas básicas de estudio, etc. “Yo creía que tomar apuntes era escribir, muy rápido, todo lo que decían las maestras. Pero mis tutoras en Metro me enseñaron cómo hacerlo bien, y esto me ha ayudado mucho. Metro ha sido para mí el sitio que necesitaba, allí fui a aprender sobre mi posible futuro en un college, a conocer el mundo universitario, y a que alguien me empujara con un animante ¡puedes!”.
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